Y entonces, una mariposa…

Y entonces, una mariposa…
“El arte más poderoso de la vida, es hacer del dolor un talismán que cura. ¡Una mariposa renace florecida en fiesta de colores!” ― Frida Kahlo

 

Siempre me han encantado las mariposas. Las encuentro bellas. Son tan distintas unas de las otras. Únicas. Libres. Las veo felices por ahí y siento que tal vez si me tocara escoger otra cosa que no fuera ser humano sería como ellas. Son perfectas. Tanto es mi amor por ellas que cuando finalmente en  la clase de biología me explicaron lo que era su proceso para ser tan hermosas, quedé impresionada. Admirable. Un proceso extenuante; un dolor intenso que  provoca la batalla.  Tal vez sienten que van a morir durante su metamorfosis. De veras que para mí son (como decimos en PR) unas “duras”.

Con el paso de los años a veces la vida nos golpea con demasiadas situaciones. Todos pasamos por muchas cosas,. En mi caso hay golpes de los cuales probablemente si me pongo a meditarlos, algunas personas no hubieran salido. O tal vez, hubieran salido autodestruyéndose. Sin embargo, aunque las situaciones en el momento me tumbaban en el suelo, siempre terminaba pausando, recogiendo mis pedazos y resurgiendo con más fuerzas para lograr mis objetivos.

Resumiendo este punto, puedo decir que he pasado por muchas metamorfosis. Muchos momentos en los que uno piensa que no se podrá levantar. Hoy me doy cuenta que aunque todo hubiera sido más fácil si no hubiera pasado por ellos no sería la persona que soy ahora. No podría comprender muchas cosas y no podría ser compasiva con los demás.

Y entonces, una mariposa…
Hoy, cada apretón de manos es más fuerte, más consistente y es hasta casi un “statement” de libertad y transformación interior.

Por eso en el mes de febrero de 2017, decidí dar cierre a muchos de estos procesos de dolor y reconocer de una forma tangible y delicada la persona que hoy soy. Decidí que era hora de recordarlos, pero dejarlos ir. Entonces surgió mi mariposa con punto y coma. La mariposa ya sabemos por qué. El (punto y coma) por todas las pausas, en ocasiones prolongadas que hice antes de continuar y lograr mis proyectos, pero que nunca me llevaron a quitarme ni a desenfocarme de mis objetivos. Y también en apoyo a las personas que luchan día a día contra las enfermedades mentales, depresión y prevención al suicidio porque es un tema actual y latente en el que vivimos.

Hoy llevo con orgullo mi mariposa, porque me representa y representa a muchas mujeres y hombres conocidos y desconocidos que viven en su historia una metamorfosis. Aunque para muchos no está correcta mi forma de expresarlo, yo decidí hacer algo que necesitaba hacer a mis 43 años.

Hoy, cada apretón de manos es más fuerte, más consistente y es hasta casi un “statement” de libertad y transformación interior.

Lleva tus cicatrices con orgullo. Siéntete orgulloso(a) de tus procesos de metamorfosis. Pavonéate de lo mucho que has crecido y superado. Nadie lo va a ser por ti. En un mundo en el que algunos prefieren vivir ignorando lo que ocurre en su interior o su alrededor, yo prefiero ser mariposa. Reconocer que luego de un proceso de metamorfosis se puede seguir viviendo; es conectar.

Abrazos apretados☀️ 🦋,,

Misma

** Project Semicolon nació de la mano de Amy Bleuel, Proyecto punto y coma (en español) tiene el propósito de luchar contra la depresión, el suicidio, la adicción y todas aquellas prácticas autodestructivas que atentan contra nuestro desarrollo pleno. Lamentablemente la creadora de este movimiento se quitò la vida recientemente, pero su legado vive y en honor a todos aquellos que siguen luchando.

Tú Primero…

Tú Primero...
“Coloque su máscara de oxígeno antes de asistir a los demás”. Aviso de Seguridad de un Avión

 

Una de mis pasiones es viajar. En efecto, es casi una misión. Desde hace muchos años me propuse viajar y conocer nuevos lugares, culturas y personas. Y los que me conocen saben que me lo he tomado en serio. Hace unos días estaba de viaje y mientras repasaba las instrucciones brindadas por los asistentes de vuelo, se me ocurrió que teníamos que hablar de una de ellas particularmente. ¡Sí! Y dirás: “la perdimos nuevamente”. Pero ya verás que es lo más lógico del mundo. Una de las instrucciones más importantes es una que dice más o menos: “Coloque su máscara de oxígeno antes de asistir a los demás.” O sea, una de las medidas más importantes de seguridad es que usted tiene que cuidar de Misma(o) antes de cuidar a los demás. Su vida y su seguridad son vitales en un momento de emergencia. Y es totalmente cierto, si nosotros no estamos bien, no podemos ayudar a los demás.

A diario me encuentro con seres humanos espectaculares. Con un corazón de oro. Personas que son excelentes cuidadores de los demás. Madres que se desviven por sus hijos dándoles el mejor cuidado, alimentación, educación, los llevan a las terapias, a los juegos, le compran el mínimo detalle, etc. Esposas que son las compañeras ideales: la casa ordenada, la ropa hasta organizada por colores, la mesa puesta cuando su pareja llega, todo en orden y mucho amor para ellos. Hijos(as) que se desviven por sus padres que ya están mayores: los cuidados, la “doñita empolvada como una mayorca para que no se queme”, las comidas al día y por hora, sus citas médicas puntuales, las medicinas según la agenda. Pero… Ellos están desgastados. Sin dormir. Hace mil años que no visitan un médico. No comen. Y por ahí va por la vida: “la mamá de fulanito, la esposa de Pedrito, la hija de doña Inés”. Y Ana, Luis y Luz desaparecieron del planeta que ya ni el nombre les queda. Y yo los veo y mi corazón se parte en pedazos.

Y no me malinterprete. Es espectacular ser un buen padre, esposo(a), hijo(a), cuidador, profesional, etc. Todos los sombreros habidos y por haber. Pero sin olvidarse de Misma(o). Ahí es donde los seres espectaculares dejamos de ser tan espectaculares. Porque no puedes cuidar a otro si no te cuidas tú. ¿Qué va a pasar el día que tú faltes? Una de dos cosas: o la vida va a continuar y otro hará lo que tú haces (talvez no igual, pero lo hará). O simplemente esa persona de la que tanto cuidas va a estar perdida(o) sin ti porque nadie más va a poder hacer nada en la vida por el (ella) como tú. Es bueno ser chulita(o) con los demás, pero con la mejor persona que te tienes que portar es contigo.

La compasión y el amor para con los demás son excelentes virtudes. Pero nunca, deben estar por encima de la autocompasión y el amor propio. Saca tiempo para ti, tiempo para: cuidarte, alimentarte, descansar, hacer algo que te distraiga, leer, ir a tus médicos, etc. Al principio te sentirás extraño(a) y hasta culpable. Aun así, no dejes de hacerlo. Tu máscara de oxígeno está fundada en esas cosas que has considerado triviales ante las necesidades de los demás. Te aseguro que haciendo esto vas a poder ser mejor persona, madre, padre, hijo(a), cuidador(a), etc.

Esta semana, haz algo para ti. Comienza por algo sencillo y no te rías con lo que te voy a sugerir. Date un baño con un olorcito rico que te guste. Suelta el teléfono. Pide relevo a tu compañero(a) o algún familiar. En ese momento toma conciencia de lo que estás haciendo. Tienes que estar completamente presente. Se llama conciencia presente o “mindfulness”. Disfruta el agua, la temperatura, el olor, tu cuerpo. Hazte ese despojo que nunca te puedes hacer por la prisa. Y sonríe. Sí. Sonríe. Regálate tu mejor y mayor sonrisa. Ponte tu máscara de oxígeno y sonríe.

Porque soy espectacular, merezco mi amor. Reconocer que soy una prioridad en mi propia vida y que soy primero,; es conectar.

Un abrazo a mis soles espectaculares,

Misma

 

El “jangueo” al que no quieres ser invitado…

They don’t serve champagne at pity parties” ― Cara Alwill Leyba

Misma es una persona que le encanta el compartir, la buena mesa y hablar con gente espectacular que siempre tiene historias que contar. Le encanta estar con personas que tienen algo que dar de sí mismos. Gente genuina. Gente que me alienta, que me levanta el espíritu, que a veces está “moqui flojo”, pero que tiene ganas de seguir adelante; como nos pasa a todos. Me encantan las reuniones con amigos, con familia, con desconocidos de buena vibra y en muchas ocasiones… me encanta la fiesta conmigo misma.  No hablo de las fiestas en bullicio (aunque esas están chéveres), donde no se puede hablar y donde no puedes interactuar con los demás. Hablo de esos “get together” clásicos y hasta “chics” donde todo el mundo está regio (pero relajado), se comparte una buena copa de vino (o de lo que te guste), hay buena música y te encuentras con gente maravillosa. Ese “jangueo”, como decimos ahora, me apasiona.

Pero he tenido ocasiones en que de momento recibes una invitación al “jangueo de lástima y le, lo, lai”. ¿Qué es eso? Una fiesta donde cada uno de los que llega entra arrastrando su dignidad, donde la gente anda que la amargura va delante de él (ella) o la mala vibra es desde el saludo. Cuántas veces has entrado a un sitio y te pasa esto: “Tù: Nenaaaaaa, ¿cómo estás? Ella: Ahí jodía, pero no es culpa tuya”. Ño, yo sé que no es culpa mía, si yo acabo de llegar! La gente se congrega a ventilar sus penas y hacer competencias de quién tiene la vida más miserable. Y digo, antes de que se sobresalten y empiecen a decirme que para eso son los amigos, déjeme aclararle solecito que me lee que este jangueo no es para apoyarnos y para ventilar una situación que estamos pasando y entre todos buscar soluciones e idear un plan para sentirnos mejor. Si fuera así, siempre vale la pena ir y ser solidario con los demás. Amo esas reuniones y grupos de apoyo. Pero esto es diferente. En esta fiesta a veces somos nosotros invitados y en otras somos hasta los anfitriones. Llegas y el sentido de lástima por la situación de cada uno arropa el lugar. Nadie quiere salir de ese marasmo emocional. Es como la competencia del Jodío. Mientras más jodido usted esté más poder siente. Es como un party de superhéroes donde la t-shirt conmemorativa tiene una “J” gigante. Y ahí va usted todo orgulloso(a), pecho de paloma, con su “J” en el pecho. La música es triste (de despecho a veces). La comida es hasta rara y poca. El alcohol como que ni sabe igual, aunque sea el más caro. Los vinos espumosos no tienen ni burbujas. La meta es demostrar que uno está o puede estar peor que el otro. Cuando uno cuenta una historia “jarta de odio” el otro tiene una mejor. Nadie tiene el mínimo deseo de salir de ahí. Le cogieron amor a la lástima, a la pena, a la calamidad. Es un grupo de apoyo, pero para seguir quedándose en el hoyo. A ese jangueo no quiero ser invitada jamás. Como dice Cara Alwill Leyba en su libro Girl Code: en esas fiestas no hay champagne y si hay, no tiene el glamour que me merezco (y que tú también te mereces).

Pero la cosa se pone peor cuando tú misma(o) te haces el party de la “lástima y el “le, lo, lai”. Esa fiesta mental a veces dura un rato, días, semanas y hasta años. Y todo el tiempo andas lamentándote y te encierras. No hay nada que te haga levantarte del piso. Es más cómodo lamentarte por lo que no ha funcionado, que tratar de idear un plan para moverte de ahí. Escogemos la música cuidadosamente que nos estruje la llaga que llevamos en el alma. La novela con el final más deprimente, en la que nunca “vivieron felices por siempre”. La película donde “todos mueren”. Entramos en grupos de Facebook que en lugar de parecer de apoyo para “salir del hoyo” lo que hacen es ayudarnos a cavar más hondo. No nos peinamos. Andamos con las patas pelúas, con las cejas como Frida… Los hombres con la barba que les llega a Pekín. Y cuando llega alguien a tratar de arruinarnos el jangueo con su buen humor y ánimo, ni la puerta les abrimos.

La pena, la lástima de otros o la propia: te estancan, te limitan; te paralizan. Y aquí quiero hacer una pausa y establecer que no es lo mismo sentir lástima que compasión. Así es que vamos brevemente.

La lástima es el “enternecimiento y compasión excitados por los males de alguien”. Aquí reconoces la pena y el sufrimiento de otra persona, pero sin involucrarse en él. Sin sentirlo como tuyo. Es algo a veces pasajero que no te lleva a ninguna acción. La compasión es la manera con que participamos del sufrimiento del otro. Surge cuando un ser humano es capaz de comprender la situación del otro desde un sentimiento de solidaridad para responder a sus necesidades. La lástima (o pena como decimos en Puerto Rico) no te mueve a la acción de ayudar al otro y de hacer lo posible por mejorar su situación. La compasión, sí. La compasión es acción en sí misma. De ahí que la lástima es negativa y la compasión completamente positiva. O sea, entienda mi sol que tenemos que ser compasivos con el otro y con nosotros mismos.

Resumiendo, que ya les he hablado demasiado, todos hemos pasado por momentos difíciles. Bien sea por un desamor, por la pérdida de una meta o un sueño, por un trabajo, ante el diagnóstico de una enfermedad o condición, ante una metida de pata o un error brutal que hemos cometido (porque a veces nos buscamos la situación solitos). Cosas que no son livianas de procesar. Realmente no son “changuerías”. Son cosas que te destruyen o transforman. El punto es que cuando esto surge hay que identificarlo. Ponerle nombre. Reconocerlo. Porque si no lo reconoces, vas a entrar al maldito jangueo de la lástima y si ya estás en él (quedaste malo pa’ la foto y peor pal video😂 ) NO te quieres quedar. Entonces para no entrar en el o para salir del mismo tenemos que:

  1. Reconocer que algo está pasando. Que un evento ha hecho que te sientas mal, incómodo(a) de mala manera.
  2. Desde ese reconocimiento debes tratarte con amor y compasión. No con lástima. Recuerda nuestro artículo: Haz las Paces Contigo Misma(o).
  3. No hacerte un jangueo de eso y menos rodearte de personas que andan en este “jangueo” constante. Busca rodearte de personas que te apoyen a salir adelante. Que te impulsen. Que te muevan. Lee cosas que te inspiren a moverte y buscar ayuda.

Próximamente vamos a estar hablando de la autocompasión y de algunos ejercicios para lograrla.

Reconocer que hay un jangueo al que no quiero ir y un club al que no quiero pertenecer; es conectar.

Besitos😘,

Misma