Disfruta El “Ride”

Disfruta El "Ride"
               

Esa sensación de que aunque las cosas no estén saliendo como hubieras querido para ti en este momento de tu vida, estás tranquilo y tú misma(o) te sorprendes. Te sorprendes de no pelear con el mundo. De no frustrarte.

No es rendirse. No es cambiar la meta. No es dejar de trabajar para lo que quieres. Es la certeza de que lo que está ocurriendo, aunque no lo entiendas, es para un bien mejor.

Me disfruto “el ride” en la montaña rusa en la que me montaron sin permiso; con sus altas y bajas, con los brazos abiertos. Viviendo. Creciendo. Agradecida del que me toma de la mano en el asiento del lado, aunque tenga miedo.

Eso se llama “estar presente”. Eso se llama “mindfulness”. Eso es vivir. Eso es estar en Paz.  Abre los brazos y recibe.

Besitos ☀️

Misma

La Crayola Rota…

Cayola Rota
Aquella crayola perfecta no ha dado color a nada en el mundo. La gastada, la rota, la que es tal vez más difícil de manejar; esa, ha trabajado lo suficiente como para darse una nueva oportunidad y seguir siendo parte de una gran obra de arte.

 

Hoy vamos a ser breves, pero directos al grano.

Amo colorear, así es que hablemos de crayolas… Pero no las de “kínder” de las que todos están hablando ahora en Puerto Rico 😂  y que las parten por gusto.  Sino las del buen sentido de la palabra. Las que están de moda ahora para los libros de pintar que hasta para adultos vienen. Las que se rompen a veces por el uso, por el tiempo, por lo mucho que las hemos usado. Y que, a su vez, son nuestras favoritas. Y estarás pensando: ¿qué tienen que ver las crayolas con la vida? Pues… ¡Todo!

Te explico mi solecito hermoso: a veces estamos rotos. Pero como digo yo: “destruyidos”. Hay eventos de dolor y experiencias que nos marcan de la forma más brutal. Y no volvemos a ser los mismos. Y llegamos a pensar que las cosas rotas no sirven. Que lo que está roto se tira a la basura o a un lado. Más aún, que nadie quiere o va a tener el valor de querer algo roto o desgastado.

Claro que eso va a depender de la generación en la que hemos crecido. Porque la generación de mi abuela no botaba nada. Lo que no se podía usar se guardaba para piezas. Todo era útil. En generaciones como la mía o los más jóvenes solemos pensar que las cosas no se pueden arreglar. Que cuando algo se quiebra, se parte, se rompe ya hay que tirarlo. Y eso nos pasa con todo: con los sentimientos, con nuestras relaciones con los demás, con nuestros sueños que no resultaron en un momento dado, con nosotros mismos. Estamos acostumbrados y hasta hemos sido adiestrados en muchos aspectos a que si se nos rompen las cosas las tiramos. O a que se desgasten o se ven un poquito usadas, entendemos que ya no sirven. Y vamos por ahí sin repararnos, sin pegarnos, sin resolver con los demás las diferencias, sin volver a intentar eso que en un momento no se pudo.

Sin embargo, las crayolas cuando se rompen o se desgastan no dejan de pintar. Es difícil sacarles filo y volver a pintar. Tienen su truco para manejarlas. ¡Pero no son imposibles! Pintan.  de una forma distinta, pero dan color, son útiles y tal vez en las manos correctas; son hasta mejores.  Cumplen con el propósito para el cual fueron creadas: dar color.

Y así debe pasar con nosotros. Es obvio que no vamos a ser los mismos después de sentirnos rotos por dentro o de haber tenido malos resultados o dañado una relación. Pero el continuar funcionando, el seguir adelante, el tratar de reinventarnos está en nosotros.  No importa si hoy te sientes como una crayola rota por la vida. Aun así, tú puedes dar color a la mejor obra de arte del mundo: tu vida. 

Crayola Rota
Reconocer que de vez en cuando soy una crayola rota, pero que aun así puedo cumplir con el propósito de mi vida, es conectar.

Cambia el canal. Trabaja con tus pedazos rotos. Busca ayuda. Y recuerda que aquella crayola perfecta no ha dado color a nada en el mundo. La gastada, la rota, la que es tal vez más difícil de manejar; esa, ha trabajado lo suficiente como para darse una nueva oportunidad y seguir siendo parte de una gran obra de arte.

Reconocer que de vez en cuando soy una crayola rota, pero que aun así puedo cumplir con el propósito de mi vida, es conectar.

¡Vamo’ arriba mis soles!  

Besitos en el cutis☀️,

Misma

 PD: Antes de que empiecen los ☀️  sabemos que Crayola es una marca y no me dan nada por anunciarla. Igual es el nombre más popular para referirnos a ellas. 

Cuando La Mecha Está Corta

Cuando La Mecha Está Corta
Hablar de “andar con la mecha corta” es reconocer que estoy a punto de llegar a mi límite.

 

A todos nos pasa que tenemos esos días, semanas y hasta meses en los que sentimos que no pegamos una. Simplemente nos pasa todo lo inesperado y que nos hace sentir incómodos. Sentimos que estamos siendo un imán para la calamidad, para los problemas o situaciones. Y es como un virus. Se riega en tu ambiente de trabajo, en tu casa, en la calle… Y empiezas a chocar con todo el mundo y con todo lo que te rodea. Sientes que hasta el perro de la casa te ladra sin sentido. Y admito, que como soy humana y esto NO es un blog de decir que soy perfecta, estos días (semanas) en mi vida son de esos en los que “no pego una”.

Y cuando estoy así, tengo que reconocer que “la mecha está corta”. ¿Qué significa eso? Que puedo salir disparando algo que luego, pensándolo bien, no debería. Es reconocer que estoy llegando a mi límite. Que probablemente si no pienso las cosas y hago una pausa antes de contestar, voy a decir cosas de las cuales me voy a arrepentir y a quienes menos “vela en este entierro tienen”. O, a quienes no debo decirlas. Por eso, hoy decidí abrir más este canal de comunicación con Misma y compartirles algunas cosas que he identificado de estos procesos o ciclos y que me he tenido que repetir. Cuando estés en un momento en el que sientes que “te han cambiado el jabón de bañar por el pote de sal”, que literalmente no pegas una y para colmo “la mecha está corta” intenta lo siguiente:

  • Haz una pausa y trata de reconocer que es un mal momento para ti. No solamente para otros, sino para ti. Porque tendemos en ser sensibles ante los malos momentos de los demás y hasta justificar sus malos hábitos, mal carácter y demás, pero nosotros no lo somos con nosotros mismos. Así es que detente y acepta que estás pasando por un mal momento.
  • Acepta también que a lo mejor el otro(a) tal vez puede estar pasando por un mal momento y que ya se le va a pasar. Dale el beneficio de la duda. Aunque todos sabemos que hay personas que tienen un don especial y casi divino, para joder al pròjimo.
  • Date permiso para gritar, llorar, para sentir y expresar tu coraje y frustración… Pero, de la forma adecuada y con las personas que te quieren. Sin perder el caché y sin hacer cosas que sabemos luego te vas a arrepentir. ¡Y bajo ningún concepto, rompas el celular, porque después no me puedes leer! Pero es importante que tengas tu desahogo sino “la mecha va a estar corta y pico”.
  • Pregúntate si lo que está pasando es completamente cierto o si tiene que ver con tu película mental. A veces es mitad y mitad. En ocasiones, nuestra mente salta a conclusiones y nos imaginamos cosas que no existen o nos preparamos para cosas que a la otra persona ni le ha pasado por la mente. Y es posible que no podamos tener esta perspectiva en el momento, pero después cuando estés escribiendo en tu journal, analiza qué porciento de lo que te ocurre es tu mente llegando a conclusiones vs lo que realmente son los hechos. Y les digo: a veces hasta “charra” me siento cuando hago este ejercicio.
  • Reconoce que esto es una etapa, un ciclo una mala racha. ¿Lo más importante? Va a pasar. 
  • Y si puedes dilo a otras personas para que sepan. Digo, no es que andes pregonando o te hagas un cartel que diga “hoy no estoy pa’ ti” (aunque es buena idea😂). Yo al menos a las personas que estimo y que son mis amigos cercanos y familia, les digo “tengo la mecha corta”. La persona si te quiere lo valora. Respeta su honestidad. La agradece. Y corre 😂  a poner su vida a salvo, antes de que explotes con el (ella).
  • Por ùltimo, andar con la mecha corta no es un estilo de vida. Es una etapa por la que todos pasamos. Si se convierte en tu día a día, hay que buscar ayuda.

Escribirles es para mí una terapia. Somos humanos y todos estamos en un proceso de aprendizaje. Si usted me ve esta semana tiene dos opciones: ¡o me abraza o protege su vida!😇   Seguimos creciendo juntos, porque desahogarse y reconocerse también es conectar.

Los quiero,

Misma💗

Haz Las Paces Contigo Misma(o)…

  • Haz Las Paces Contigo Misma(o)…
    Qué difícil se nos hace tener compasión con misma(o). Qué difícil se nos hace sanar y volver a tratarnos y hablarnos con amor.

Haz las paces con tu pasado para que no destruya tu presente”. Aleph

 

En su libro Aleph, Paulo Coelho nos indica que tenemos que hacer las paces con nuestro pasado para que no destruya nuestro presente. Y es que en la mayoría de los casos estamos educados o hasta adoctrinados a cargar el pasado por la vida. Cargamos equipaje pesado. Y a veces hasta con orgullo. Me atrevería a asegurar que hasta lo adornamos y le ponemos colores, luces, lentejuelas y perlas. A veces llevamos el pasado como un accesorio. En otras como un bulto bien pesado. Y en los peores casos, son tantos los años que llevamos cargándolo, que ya es parte de nosotros y es como otra extremidad.

Cosas sin resolver que ciertamente bien sea por la prisa, porque hay que continuar, o porque siempre posponemos todo, nunca resolvemos y no sacamos de nuestras vidas. En cualquier caso, esto no nos deja encontrar la felicidad. No nos deja sentirnos plenos. No podemos estar en sincronía con el presente. Y seguimos sin perdonar, sin resolver, sin detenernos… sin perdonarnos.

Y es ahí donde me quiero detener: en perdonarnos. ¡Sí! Porque en muchas ocasiones estamos conscientes de que tenemos que perdonar a otros. ¡Y hasta lo hacemos con el mayor de los amores y la compasión más espectacular! Pero qué difícil se nos hace perdonarnos a nosotros mismos. Qué difícil se nos hace tener compasión con misma(o). Qué difícil se nos hace sanar y volver a tratarnos y hablarnos con amor.

Nadie tiene en esta vida una capacidad mayor para maltratarnos y para herirnos que nosotros mismos. Somos crueles. Injustos. Nos autocastigamos hasta dejarnos en la llaga. No nos permitimos un solo error (¡O varios! Total. ¡Que se joda!). ¿Y sabes qué? Es vital que aprendas a perdonarte. No es que andes por el mundo aplaudiéndote y haciendo una fiesta por cada “metida de pata”, porque todos sabemos que hay que aprender de nuestros errores para no repetirlos. Pero tampoco es que andes cargando con tus errores como si estuvieras cargando un hijo.

Y les hablo de corazón. Porque algo que me ha tomado mucho trabajo aprender es a hacer las paces con Misma. Reconozco que soy mi peor crítico. Que hay muchas ocasiones en las cuales me hablo fuerte. Reconozco que a veces me dirijo a Misma como si fuera la peor persona de este planeta. Que hay veces en las que la maltrato y me olvido que escucha, siente y padece. Que le hago hasta bromas pesadas. Le pongo sobrenombres. La maltrato recordándole sus errores. Y sé que merece mi amor, compasión y respeto más que nadie en este mundo.

Por eso hoy me atrevo a traer este tema. Porque en mí exige un esfuerzo constante, consiente y de todos los días. ¿Si soy capaz de hablarle compasivamente a los demás cuando están en malas, por qué no puedo ser capaz de hacerlo conmigo? 

Esta semana te invito a hacer un ejercicio en el que tal vez me vas a odiar, pero pues está bien, puedo bregar con eso. Abre tu Journal y escríbele una carta a Misma(o).

Querida Misma(o):

Quiero tomar un momento para decirte que en muchas ocasiones me has fallado. Haz hecho cosas que han herido a otros y que también han tenido consecuencias contra mí. Sé que no eres perfecta. Que todos cometemos errores. Y por eso en este momento quiero pedirte perdón:·        

  •  por todas las veces en las que te menosprecié y pensé que no podías lograrlo
  • por todas las veces en las que te he humillado y denigrado, pensando que mereces menos 
  • por todos los errores que has cometido y por los cuales, aun habiendo aprendido y subsanado, te sigues torturando
  • por dejarte vencer por el miedo y la inseguridad
  • por no ser firme cuando tomas decisiones
  • ……………

Te acepto. Te amo y te valoro. Te respeto.”

Tal vez en esa carta haya cosas de toda una vida. O tal vez, cosas que pasaron esta semana. No importa como sea tu carta, lo importante es que sea honesta y que te permita hacer las paces con Misma(o). Porque hacer las paces con Misma es conectar.

Besitos,

Misma

Que se me arrugue la piel, pero nunca el alma…

Las arrugas
La piel se te arruga por las amanecidas en el buen compartir.

 

“No te preocupes porque se te arrugue la piel. Preocúpate cuando se te arrugue el alma.” Misma

La piel se te arruga por los días vividos. Por los años vividos y bien empleados. Por el sol en nuestras playas. Por los inviernos en otros países que te hacen “arresmillarte”, pero sabes que estás donde quieres estar. Por las veces en las que te reíste hasta que te doliera la barriga.

La piel se te arruga por las amanecidas en el buen compartir. En el velo del sueño de alguien a quien amas. En las buenas noches de hacer el amor y pasiones desenfrenadas. En el mal dormir de los aeropuertos de los viajes espectaculares que hiciste. En el luchar por un ideal. En el desvelo del trabajo duro por cumplir tus sueños y lograr esa meta que todos te dicen que no puedes cumplir.

El alma se te arruga cuando no vives. Cuando no estás con quien amas. Cuando día a día te niegas la oportunidad de ser feliz. Cuando quieres años y días en lugar de minutos y segundos. Cuando esperas migajas de la vida, aunque tienes un mar de oportunidades frente a ti. Cuando pospones tu felicidad porque piensas que siempre hay algo más importante. Cuando el día de mañana o el de ayer es más importante que el hoy. Cuando dejas a un lado tus intereses, porque los de los demás son más importantes. Cuando aceptas que te devalúen como a una pieza de chatarra por alguien que no te valora ni te presta la atención que necesitas. Cuando dejas de amarte a ti mismo y de respetar tu cuerpo. Cuando ves a tus amigos partir a lejanas tierras y tú te quedas porque ahora no es un buen momento (y al parecer nunca lo es). Cuando te sientes incómodo con lo que vives, pero esa incomodidad no te mueve, sino que terminas acostumbrándote a vivir así.

El alma inevitablemente se te arruga, cuando esperas ese momento perfecto para emprender que nunca llega, porque no te diste cuenta que el momento perfecto se llama AHORA y no DESPUÉS. Cuando te quedas en esa relación que no sirve pero que igual no tienes el coraje de romper porque piensas en los hijos, en el que dirán en que ya estás vieja(o). Cuando aguantas golpes, insultos y malos tratos de quien te ha vendido la idea de que es por tu bien. Cuando le haces coro a lo negativo sin ver las bendiciones que tienes a tu alrededor. Cuando no te detienes a contemplar el atardecer porque tienes prisa. Cuando la casa se queda en silencio porque ya todos están dormidos y tú te preguntas ¿qué fue lo que hiciste con tu vida?, pero no tomas acción. Cuando el miedo a hacer cosas diferentes te paraliza en lugar de impulsarte.

HOY, sin que me quede nada por dentro, quiero vivir orgullosa de las arrugas de mi piel (aún no son muchas, no se esmanden). A exhibir cada una como si fueran medallas y condecoraciones de guerra (porque realmente lo son), de esta guerra que vivimos entre ser nosotros mismos o lo que los demás esperan. Me niego a ser la chica que parecía de 20, pero con un corazón hecho como una pasa. ¿Y qué más da?  si para las arrugas del cuerpo existen cremas, cirugías, Botox y mierdas. ¿Y para las del alma? NADA. Absolutamente nada.

Y mi deseo para ti en este momento es: que se te arrugue la piel por lo vivido, por lo gozado, por ser feliz. Pero que no se te arrugue nunca el alma por no intentar y vivir. Vive Carajo! Vive!

Un abrazo rompe costillas,

Misma

PD: Si te gustò compártelo con alguien.

 

HOY, sin que me quede nada por dentro, quiero vivir orgullosa de las arrugas de mi piel…

No es lo mismo estar alegre a ser feliz…

Ser Feliz.
La alegria es pasajera. La felicidad es un modo de vivir.
Esta semana debatía cuál sería el tema a conversar con ustedes. Les confieso que no llegaba nada a mi mente. La “musa” se había ido en la huída. Y de momento pensé en que ya era tiempo de que habláramos sobre la confusión (como decimos los puertorriqueños) que tenemos “entre cuero y carne” entre la alegría y la felicidad. Y es que a veces en este ir y venir de la vida es bien fácil confundir ambas cosas. Y hasta les confieso, que yo tuve momentos de mi vida en los que andaba como “confú”, como confundía. 😂
Ser Feliz.
Cada día tiene su regalo…

Cuando hablamos de alegría hablamos de algo que se vive en un instante específico. Es algo que surge o que es provocado por algùn evento, actividad, persona o hasta por nosotros mismos. Pero es algo que es pasajero. Que dura un instante o periodo determinado. Es eso que ocurre que no olvidas con facilidad probablemente y que cuando lo recuerdas te lleva a sonreír o a reír como si estuviera ocurriendo. Pero recalcamos, es algo pasajero. Le da un “pump” a tu día o a ese periodo de tu vida. Es eso que te miras en el espejo y te dices: “Eres bella(o) firma aquí”. Te hace sentir poderosa(o). Imparable. Depende mucho de las emociones del momento. Por ejemplo: te encuentras con tus amigos y pasas el rato de tu vida, te vas de viaje y la pases brutal, vas al concierto de tu artista favorito, te gradúas, te ascienden en el empleo, logras el trabajo que querías, te llegò el reintegro 😂, , te casas, vas a tener un hijo, te aceptaron en la universidad…. Vas entendiendo? Yo pues como a veces soy cursi, me alegro hasta de que salga el sol, me alegro y me emociono cuando veo un arco iris, me alegro de ver a alguien sonreír… Pero esa es Misma: Acéptame y brega con eso!

Ser Feliz
Todos los días decide ser feliz.

La felicidad? La felicidad es algo mas profundo. La felicidad no depende de que algo ocurra o de alguien mas. La felicidad no es pasajera. La felicidad es un modo de vivir. Es una decisión consiente. La felicidad viene de adentro. No depende de ningún estimulo. Depende de tu aceptación de la realidad en la que vives. Depende de la decisión consciente de vivir en un estado de profundo agradecimiento, de saber que hay un día detrás del otro. De que aunque las cosas no sean perfectas siempre hay algo bueno ocurriendo. Se trata de que tu presente, tus emociones, tus acciones están en sincronía y por eso hay una sensación de plenitud en tu vida. Se trata de la confianza de que todo tiene un propósito. Y en aquellos que son creyentes (en lo que sea), que hay un plan perfecto que siempre obra para bien. También se trata de saber que estas haciendo lo que es correcto (nuevamente, de acuerdo a lo que es tu moral, tus valores, etc.). De sentirte cómoda(o) en tu misma piel. De no depender de la aprobación de los demás porque tu sabes que eres “un lujo de ser humano”. Y volvemos a que es una decisión diaria. Te levantas por la mañana y decides que HOY vas a ser feliz. No mañana. HOY. Y te pones el propósito de vivir el día conscientemente en ese estado de animo. Y van a pasar cosas buenas y malas. Pero por las malas no dejamos de ser felices. Por las malas a lo mejor nos “apestamos” un poquito, pero seguimos sumando las cosas buenas. Hacemos el ejercicio de gratitud, Escribimos en el journal. Cerramos el día con una nota positiva. Y mañana volvemos sin frenos, porque para ser feliz no todo tiene que estar perfecto sino en balance.

Un ejemplo consciente de mi vida es que puedo decirles que soy feliz. Hoy lo soy. Talvez hace algunos años no lo era porque vivía esperando las aprobaciones de los demás o tal vez entendía que tenía que tener X cosa o persona en mi vida para ser feliz. Como muchos, entendía que la felicidad dependía de cosas que estaban fuera de mi. No es hasta que comienzo a tratar de estudiar, de crecer en mi interior , de conocer realmente quién soy, que me doy cuenta que tengo todo lo que necesito para ser feliz. Claro, que las comodidades son importantes. Pero no definen mi felicidad. Definen mi “contentura”, pero no mi felicidad. Tengo mis días grises (negros para ser mas precisa) y no tengo una vida perfecta según la definición de muchos. Pero estoy tan agradecida de tantas cosas y hago (trabajo diario)  un esfuerzo consiente por establecer ese balance en mi vida, en mi interior que me permite ser una mujer plena y feliz de ser quien soy. Tampoco soy perfecta. Cometo errores (horrores a veces) y se que soy un “proyecto en desarrollo”, y me disfruto todos los momentos de alegría que la vida me da para ser más feliz.
Ser Feiz
Tu felicidad es tu responsabilidad diaria.

Así es que esta semana (o lo que queda de ella), te invito a que evalúes si estas siendo alegre  o si estas siendo verdaderamente feliz. Y si solamente estas disfrutando de momentos de alegría, vamos a comenzar como dice Fonsi: “pasito. pasito, suave suavecito…” (perdòn jaja) a trabajar para construir día a día ese balance que te va a llevar a ser feliz.

Ser feliz es conectar…

Sonríe mi ☀️,
Misma

Digiere Tus Emociones Como La Vaca

Digiere Tus Emociones Como La Vaca
Rumiar tus emociones te hace poderoso y te mantiene en control.

 

Ustedes dirán: ¡aquí viene esta otra vez con los animales! Pues, sí. Es que la naturaleza es perfecta y a veces tenemos demasiado qué aprender de otras especies.

Las vacas tienen cuatro estómagos. Bueno, técnicamente es uno, con 4 compartimientos. Estos son:

  1. El rumen o panza.
  2. El retículo o redecilla.
  3. El omaso o libro.
  4. El abomaso, cuajar o estómago verdadero

Estos animales tienen digestiones bien largas. Mastican muchísimas veces al alimento,. a esto se le conoce como ” rumiar”. No pretendo cubrir aquí los procesos de digestión porque para eso usted puede hacer una búsqueda en google. Solo quiero resaltar aquí que el proceso de digestión es uno largo y que se divide en etapas. Y ciertamente cuando miro ese proceso pienso que los seres humanos debemos aplicar algo así, con nuestras emociones y reacciones a ciertas cosas en la vida.

A veces andamos demasiado listos para contestar rápido y no pasamos nuestras emociones por un filtro. Y luego viene el arrepentimiento por haber “cagado” las cosas con el otro. Y nos preguntamos: ¿qué hubiera pasado si yo hubiera esperado? Y si vamos más a fondo, también nos preguntamos: que pesa más: ¿el coraje del momento o la vergüenza que tengo ahora de no haber dicho las cosas correctamente o de haber exagerado mi reacción? Con certeza me atrevo a decir que si hubieras hecho con tu emoción lo que hace la vaca, digerirla y pasarla por sus 4 estómagos, no hubieras dicho o hecho nada. Porque ya luego de eso a lo mejor no es tan importante. Y es que las emociones en la mayoría de los casos nos dominan. Tanto así, que aproximadamente en el 80% de las ocasiones nuestra reacción no tiene nada que ver con lo que la persona hizo o dijo, sino con la emoción que nos provoca, que probablemente proviene de un evento o recuerdo de una historia pasada. Créeme que no te hablo de historias sin sentido o que he leído en libros. Te hablo de mi historia, porque yo sí que como decimos en Puerto Rico “disparo de la baqueta”. Ha requerido disciplina diaria el formar lo que hoy soy y te confieso que a diario tengo mis recaídas como cualquiera. De igual forma, descubrir que “callada me veo fabulosa” ha sido algo que le ha sumado demasiado a mi vida.

Mientras me preparaba para escribir de este tema, encontré esta reflexión de una autora y coach que admiro mucho: Iyanla Vanzant, http://www.oprah.com/own-show/Iyanla-Vanzant-Stop-Being-Mean  Ella resume lo que sería el proceso de digestión de nuestras emociones en 4 preguntas que debemos hacernos antes de decir, contestar, reaccionar:

  1. Lo que vas a decir es amable?
  2. Es amoroso?
  3. Es Necesario?
  4. Puedo decirlo de una forma en la que me gustaría escucharlo?

Si alguna de ellas es NO, no lo hagas.

¡Brutal! ¿Verdad? Y cuando logras hacer algo como esto, te sientes la persona más poderosa(o) del universo.¿Sabes por qué? Porque controlas una de las cosas mas valiosas que tienes: tus emociones. Al hacer esto, ya los demás no te controlan. Te sientes grande y poderoso.

Cuatro preguntas
Antes de reaccionar o contestar, házte estas cuatro preguntas…

Esta semana te invito a que comiences a digerir tus emociones; a que cada reacción o respuesta la pases por el filtro de esas cuatro preguntas. Al principio, tienes que obligarte. Y va a ser difícil, porque llevas años sin hacerlo. Y hacer o contrario siempre va a ser más fácil. Pero si comienzas a practicarlo vas a notar que eventualmente va a fluir de una forma natural. Después de 21 días haciéndolo has creado ya un hábito. Escribe en tu journal cuáles emociones tuviste que pasar ese día por los cuatro estómagos de la vaca y cómo te sentiste al hacerlo. Documentar tu progreso es algo vital en tu crecimiento.

¡Buena semana mis soles☀️!

Misma

 

Nota: Iyanla Vanzant es: Escritora, coach y presentadora de televisión en el canal OWN)

Los Amigos: La Tribu Con La Que Decides Conectar

Tus amigos son la tribu con la que decides conectar.
Tus amigos son la tribu con la que decides conectar.

Hay una popular frase que dice: “Los amigos son la familia que se escoge”. Ciertamente lo son, ya que muchos son más queridos que un hermano. Pero yo lo veo más como “los amigos son la tribu con la que decides conectar”

La tribu es la unidad más primitiva de una sociedad. Históricamente las tribus estaban formadas por individuos que vivían en la misma zona y que compartían una serie de valores, costumbres, tradiciones y metas comunes. Eran fundadores de pueblos y naciones. Uno no escogía la tribu. Tu ¨clan¨ o familia era parte de una tribu y tú nacías y te criabas en esa unidad social. La tribu no se cuestionaba. La tribu era y punto. La tribu le daba sentido de cohesión a las personas; sentido de pertenencia. El separarte de ella implicaba traición. Si intentabas salirte eras desterrado, marcado y básicamente perseguido.

Ya en nuestros tiempos existen muy pocas tribus estrictamente en este sentido de organización social ya que hemos ido evolucionando hacia otras estructuras. Aunque aún encontramos tribus indígenas que han logrado sobrevivir contra viento y marea.

 Recuerdo que cuando era pequeña, mi abuela y mi mamå, tenían esta “comunidad” de vecinas, comadres y amigas a las que por alguna razón uno terminaba llamado tías y todas compartían metas comunes, roles y principios. Era una comunidad de apoyo donde se compartían: penas, tristezas, alegrías, logros, comida, celebraciones, tareas, la crianza de los hijos… Una especie de alianza, complicidad y hermandad que iba de las cosas más sencillas hasta las más complejas. Eran vecinas, algunas trabajaban juntas, otras llegaban “referidas” por las demás. Pero lo cierto es que, ahora cuando lo miro, eran una tribu. Una tribu fuerte, que era capaz de soportar todo unidas y en solidaridad. La lealtad a la tribu era lo más preciado. Ya un poco mayores mi abuela y su tribu, se hacían llamar “las muchachas”.

Hoy, analizando todos estos conceptos, me atrevo a decir sin reparo que el concepto de la tribu sigue estando presente en nuestras vidas. Nuestros amigos son la tribu con la que escogemos conectar. Son personas que comparten nuestros valores, creencias, metas y que aportan a nuestro crecimiento. Algunos viven cerca, otros más lejos y gracias a la tecnología los sentimos como si estuvieran a nuestro lado. Tú los escoges. Llegan a ti de maneras inesperadas y espontáneas. Pero tú decides si los dejas entrar en tu mundo. También decides si los dejas quedarse. De igual forma, ellos deciden si permanecen o no. Y si hay madurez, entenderás que el que en algún momento se separen de ti o decidan tomar distintos rumbos, no significa una traición; sino crecimiento y necesidad de seguir creando vínculos. Se trata de libertad. De crecimiento y de elección.

Estas amistades pueden traernos paz, satisfacer los vacíos emotivos de nuestras relaciones románticas y ayudarnos a recordar lo que tenemos en lo más hondo de nosotras mismas”Nora de Hoyos Comstock, fundadora y directora ejecutiva de las Comadres.

Hoy, no le llamas tribu. Hoy el nombre es distinto, pero el concepto sigue siendo el mismo. Tu verdadera tribu son: tus panas, tus comadres, tus compadres, tus lolas, tus mingas, tus compañeros de “hangueo”, tu grupito, las muchachas, los muchachos, tu manada… Son los que están en las buenas y en las malas. Los que se alegran de tus triunfos. Los que lloran contigo cuando las cosas no están bien. Los que te corrigen y te hacen crecer. Los que te quieren para bien. Los que “estiran el peso” contigo. Los que te aceptan sin condiciones y te aman porque “esa es la que hay”. Los que te empujan a ser una mejor persona.

Pertenecer a una tribu, no es algo mágico. Se sufre también. Hay que ganarse el lugar. Pero a la larga sabes que sin ellos la vida no sería vida. Y no tienen que ser personas que han estado toda una vida. A veces tenemos tribus que son por épocas o temporadas de nuestras vidas. Que fluyen, según se mueve nuestra vida.

Esta semana, te invito a que pienses en tu tribu. A que busques quienes son y que si llevas tiempo que no se ven o hablan, te acerques, conectes con ellos y les digas lo vital que son para ti. Tal vez hace muchos años perteneciste a una comunidad especial y las circunstancias de la vida los alejaron. Pero esos lazos, existen. Son indestructibles. Hoy, sabes lo que es una tribu. Hoy, puedes identificar quién es parte de tu tribu y agradecerles su presencia, la experiencia, el sentido de pertenencia.

Si en el momento, sientes que no tienes una tribu, es hora de comenzar a buscarla. Te aseguro que esa experiencia marcará tu vida para siempre y te hará conectar con “misma”. Contigo. Con tu misma alma. Con tu ser. 

La buena noticia, es que “Connect With Your Misma”, pretende ser tu tribu. Pretende darte un espacio para unir esfuerzos en la meta común de crecer en este mundo. Así es que desde ya: ¡Bienvenida(o)!

Abrazo a todos los solecitos de nuestra tribu de “Connect With Your Misma”. 

Ciao Pescao,

Misma


Nota:

Un libro que les recomiendo sobre este tema es: Las Comadres Para Las Américas.Cuenta Conmigo: Conmovedoras historias de hermandad y amistades incondicionales1st ed. New York: Atria Books, 2014. Print.

Ser un Camello Emocional…

Camello Emocional
Cuando la cosa no vaya bien, recuerda que tienes tu reserva en tu joroba. Ser un camello emocional es conectar…

Al ver el título asumo que habrás pensado que me volví loca jaja. Pero no te me adelantes, de eso tengo bastante para atreverme a escribirle en este blog, pero una vez hablemos de camellos, vas a entender por dónde voy. 

Aunque no soy una experta, los camellos son animales típicos de zonas desérticas. Usualmente se utilizan para transporte o carga. Estos tienen dos jorobas. La creencia de que las jorobas de los camellos tienen agua es uno de los grandes mitos de la cultura popular. Los camellos acumulan grasa en las jorobas la cual consumen cuando no pueden alimentarse. El consumo de esa grasa acumulada, les permite producir más de un litro de agua por cada kilo de grasa. Y algo bien importante es que los camellos pueden permanecer sin agua y sin comida de seis a diez días gracias a sus jorobas.

Pasemos a los humanos… Obviamente, no tenemos jorobas físicas, pero podemos crear jorobas emocionales y mentales. Imagínate que estás pasando un día espectacular, o estás dando el viaje de tus sueños con la persona que amas, o que estás al fin logrando eso que te ha costado tanto esfuerzo, o que simplemente estas pasándola bien con tu familia o amistades. Imagina un día o un momento de un día en el que respiras y dices: “wow, esto es vida!”. Lo más increíble es que todos tenemos de esos momentos; de esos días. Pero a la mínima cosa mala o que no nos causa tanta alegría, se nos va el ánimo a la tierra de nunca jamás. Se nos olvidaron los buenos momentos. Se nos olvidó todo. Nos dejamos arrastrar por una sola circunstancia, que normalmente tiene solución. 

Te pregunto: ¿no sería mejor ser como los camellos? Tener una reserva emocional de “alegría”, de cosas que te hagan sonreír y cuando vengan esos malos momentos o días pudieras utilizar ese recuerdo/imagen para subir tu ánimo y afrentar la situación de una mejor manera. Tener una colección de imágenes que te cambien el canal de lo malo que te está pasando ahora. Momentos que te hagan hacer una pausa antes de tomar decisiones o actuar de una forma que solo nos perjudica. 

Un vivo ejemplo que puedo utilizar para explicarles esto es la actitud que mi abuela asumía ante muchas situaciones. Doña Maya, es la mujer más extraordinaria que yo haya podido conocer en el mundo. Una mujer que no tenía escolaridad. No sabía leer ni escribir. Pero era súper independiente y luchadora. Hacía todo por ella misma, cocinaba como los dioses, siempre estaba para compartir todo con los demás, era amorosa, simpática y  carácter fuerte. Había vivido muchísimos momentos de dolor. Cada vez que alguien le decía: “¡qué rico está esto!” “¡Qué bien la hemos pasado!” Cualquier cosa buena que nos pasaba, siempre decía “guarde para cuando no haya”. Una vez le pregunté por qué decía eso y me dice: “Es que los humanos tenemos memoria corta, se nos olvida rápido lo bueno y resaltamos lo malo”.

Con los años aprendí que mi abuela era demasiado sabia. En su frase nos decîa,  a su forma, que hay que ser un camello emocional. Tenemos que guardar los buenos momentos en las jorobas emocionales que nos darán fuerza y energía para cuando vengan los malos momentos.

La próxima vez que la estés pasando “de show”, recuerda: “guarde para cuando no haya”. Y cuando la cosa no vaya bien, recuerda que tienes tu reserva en tu joroba. Ser un camello emocional es conectar…

Un abrazo rompe-costillas mi sol,

Misma

Frases de mi Abuela
“Guarde para cuando no haya”-Doña Maya

Sincronía

Sincronía“Cuando hablamos de sincronía estamos haciendo referencia al fenómeno mediante el cual dos o más elementos suceden al mismo tiempo, de manera pareja y equilibrada, simultáneamente. El término sincronía proviene del griego “syn” (que significa juntos o en conjunto) y “cronos” (que significa tiempo) por lo cual puede ser entendido como algo que sucede en el mismo tiempo. La sincronía siempre nos habla de una situación en la cual dos personas o dos elementos actúan de manera conjunta y pareja. La sincronía es muy común en determinados ámbitos o circunstancias…”

Cuando asistimos a un recital de baile, qué es lo que hace que el alma se eleve? No es solamente la música, sino el que los bailarines están sincronizados. Trabajan en constante armonía para lograr el éxito de la pieza, para lograr aportando su talento individual, brillar en conjunto, luciendo como si fueran uno. Lo contrario, sería distorsionado. Incluso infundiría intranquilidad, desequilibrio al espectador. Ya que el caos siempre causa emociones poco positivas en los demás.

De igual forma ocurre cuando vemos un equipo de remo. Cada uno tiene la misma meta en comun. Cada cual tiene que remar en un mismo sentir. En una misma direccion, para poder llegar a la meta. Lo contrario, seria jamas llegar por cada cual responder a su propio interes. En un equipo de remo no hay egoismo, no hay vanagloria, no hay asuntos personales…. Todos tienen que estar enfocados en trabajar como si fueran uno.

La vida es exactamente igual. Tenemos que estar en sincronía con la naturaleza, con el entorno, con los seres que nos rodean.

En nuestros trabajos debemos estar en sincronía con las demás personas que son parte de nuestro equipo para lograr las metas y objetivos comunes.

En nuestra relación de pareja es vital estar en sincronía con la visión y las metas de la relación. No funcionamos como entes separados sino en real armonía. Considerando tiempo, espacio y el bienestar común .

El estar en sincronía fortalece vínculos. Afianza relaciones. Hace que las cosas sucedan en un esfuerzo común. Da un sentido de cohesión y pertenecia necesario para la convivencia humana saludable.

La falta de sincronía provoca caos, desesperanza, desilusión, inseguridad… En ocasiones, hace que se mal emplee el tiempo y se dupliquen los esfuerzos.

Estar en sincronía, significa estar presente. Significa escuchar, ver, sentir en el momento. Vibrar en el mismo tiempo y espacio de los que me rodean. Es mas, estar en sincronía significa escuchar la voz de Dios en cada paso que damos.

Cada ser humano, tiene su propio ritmo, vibrar o latir en el universo. Aun así, la sincronía hace que cada uno pueda conservar ese latir distinto y lo pueda complementar con el de otro (s) logrando armonizar para lograr objetivos comunes.

La pregunta es, estoy yo en sincronía con el mundo que me rodea? Escucho el ridmo y latir de lo que me rodea para ser parte del bien común? Còmo estoy aportando con mi “son” a las metas y progreso de mi entorno? Tengo que moverme a buscar un grupo, una tarea, una meta, una profesión, una relación… en la que yo me sienta en sincronía con el otro y con mi entorno?

A veces estamos para marcar el paso otras solamente para armonizar. Lo importante? Que vayas en sincronía!

Besitos,
Misma